Me encotré con un CTO con el que había trabajado hace unos me invitó a tomar un café, sobre todo para ponernos al día. A mitad de la charla, casi al pasar, mencionó que las métricas de entrega del equipo habían dejado de tener sentido para él. El proceso no había cambiado, dijo — el mismo tablero, el mismo gráfico, actualizado de la misma manera de siempre. Pero últimamente, nadie en el equipo podía usarlo para encontrar dónde se estaba trabando el trabajo.
Le pregunté si podía ver el gráfico. Lo abrió: un diagrama de flujo acumulado, una columna agregada por cada deploy, armado exactamente como lo habíamos construido juntos años atrás.
A primera vista, a mí también me pareció que estaba bien. Las columnas corrían por la pantalla con el mismo ancho, una al lado de la otra, y alguna parte de mi memoria de ese equipo — de cuando deployaban más o menos cada semana — leyó ese espaciado parejo como tiempo parejo.
Me llevó más tiempo del que me gustaría admitir notar qué estaba contando realmente el gráfico. No semanas, sino Deploys. El ancho de cada columna nunca significó un tramo fijo de tiempo; significaba un evento. Durante años, esa distinción no importó, porque el equipo deployaba lo suficientemente seguido, y con la suficiente regularidad, como para que un evento y una semana fueran lo mismo. En algún momento después de que dejé de trabajar con ellos, dejaron de serlo, y el gráfico siguió mostrando lo mismo que mostró siempre.
Una vez que hice la pregunta correcta, el cambio real resultó ser la decisión de deploy en sí misma. Antes pasaba cuando el trabajo estaba listo. Ahora pasaba cuando alguien con la autoridad para decidirlo lo decidía — lo que significaba que el trabajo terminado se acumulaba detrás de esa decisión como el agua detrás de una esclusa, y se liberaba de golpe cada vez que la compuerta se abría. El gráfico no mostraba un golpe, mostraba una columna, espaciada parejo junto a la anterior.
El equipo no había perdido la capacidad de leer sus propias métricas. Yo la había perdido, por un momento, en su nombre — llevando conmigo una suposición de años atrás hacia un gráfico que ya no la sostenía. Y el problema real nunca fue el gráfico. En algún momento del camino, se había agregado una compuerta a un sistema que antes funcionaba sin ninguna, y la compuerta estaba haciendo exactamente lo que hacen las compuertas: retener inventario fuera de la vista hasta que alguien decidiera dejarlo pasar.
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